Amar es progresar

Convento de Daimiel

El que progresa es el que más ama.

Nuestras vidas florecen al cobijo del Señor que nos habita, es Él quien mueve nuestra historia, dejemos que Él nos haga florecer para su gloria, bien nuestro y salvación de las almas.

La garantía de todo cambio está en dejarnos querer, entrar de lleno en el gozo, la ilusión y el entusiasmo que Dios nos infunde.

La fe y el amor son la base para crecer. Es Dios quien nos llama con el Amor que nos da, a caminar, entregarnos más y más a Dios y a los hermanos.

¡Ven Espíritu Santo, haznos entender el don que se nos ha dado, danos a conocer a Jesús. Ilumina nuestro corazón para que profundicemos en la Verdad y la Esperanza a la que nos llama!

Si hemos sido iluminados por Su Presencia Amorosa, nuestra vida ha de ser iluminadora. Se nos tiene que notar que nuestra dicha es el Señor. No podemos rozar superficialmente su Palabra, hemos de entrar de lleno en ella, profundizar y calar en ella, hacerla vida y experiencia para la Iglesia, para el mundo.

No se puede caminar sin responder a Jesús, sin docilidad a su Espíritu. Se requiere voluntad decidida y disponibilidad total, para ir donde el Espíritu nos lleve.

El Padre nos ha enviado su Espíritu para que si no entendemos a la 1ª, lo entendamos a la 2ª, no tenemos excusa.

El Espíritu suscita en cada uno muchos deseos. Acostúmbrate a vivir ya aquí, para aquello a lo cual caminas y Dios te pide.

¡El Espíritu nos lo va revelando… ¡Dios nos ama! ¡Qué felicidad! ¡Su gozo es mi gozo!

En la vida espiritual hay que estar vigilantes, pero no es estar siempre a la defensiva y en el temor, sino estar en una actitud positiva de caminar y avanzar, gozosamente esperando toda ocasión de practicar el bien y la virtud.

Monjas Mínimas de Daimiel

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